viernes, 19 de junio de 2009

TODOS LOS KENNEDY VAN AL CIELO.




El día de mi cumpleaños número ocho

fue asesinado el presidente John F. Kennedy.

Apenas se supo la terrible noticia todo el mundo abandonó mi fiesta para reunirse con sus seres queridos que no eran yo.

Mi padre agarró el enorme pastel, regalo de un vecino repostero,

y camino llorando las siete cuadras que nos separaban del basurero mas cercano (aquel que quedaba pegadito al hogar de niños pobres) para arrojarlo entre los desperdicios.

El país no estaba para celebraciones. Luego de unos meses de luto casi ascético mi padre se conformó con una callada adhesión a Jhonson

para luego apoyar a Nixon.

Mientras estas cosas ocurrian en mi familia

yo comencé a desarrollar una idea que termino apoderándose por completo de mi :

el presidente Kennedy había muerto por mi culpa

Según había oido en la iglesia

en los ratos que robaba a la dulce siesta que dormía en el regazo de mi madre;

Dios había mandado a su propio hijo a morir martirizado para pagar por los pecados de toda la humanidad.

Salvando las distancias el nexo era evidente: Dios había dispuesto que John Kennedy muriera por mí, para purificarme y salvarme a mí, ese era mi regalo de parte de Dios.

Durante mucho tiempo lloré con fervor a Kennedy, pero no a nuestro presidente, sino al hombre, a John,

a quien con su sangre,con su materia gris derramada en el tapizado del lincoln,

me había devuelto al camino de la virtud

Decidí que lo más correcto era que de ahora en adelante yo mismo me hiciera cargo de su familia y sus negocios. Era lo más justo para todos.

Una semana antes de navidad di el último adios al hogar materno

y recorrí a pie la primera de las doce mil millas que me separaban de Washington

Cuando por fin llegué, cuatro años después, ya era demasiado tarde, el hermano menor de John, Robert Kennedy, moría baleado en L.A tras haber ganado las elecciones de California

Mis pecados de juventud habían cobrado otra víctima

Sumamente arrepentido me metí a monaguillo en la primera iglesia que me acogió, la de San Cristobal, patrón de los viajeros.

Todo iba bien hasta que me enteré con asombro de que el pequeño Ed Kennedy tenía un cancer de huesos que amenzaba su vida

luego de meses de flagelación, rezos y sacrificios, logré salvarlo, aunque perdió su pierna

Una vez que el pequeño estuvo a salvo festejé mi victoria,

a fuerza de fe empezaba a pagar mis deudas con los Kennedy y eso me hacía sentir bien, me daba cierto poder.

Pero poco dura el poder del hombre cuando se enfrenta al poder de Dios.

Y poco duró también mi soberbia.

Meses después, Joe kennedy II, el hijo de Bobby, sufrió un terrible accidente que casi le cuesta la vida.

Los pecados continuaban y debían ser purificados.

Por qué Dios no me llevaba a mi? por qué mis pecados debían ser castigados a través de los Kennedy?

El cura de la iglesia atisbó una respuesta a mis interrogantes : Tal vez el señor tenga planes importantes para ti.

Dediqué los siguientes 20 años de mi vida a estudiar con pasión las escrituras,

a ayudar a los más necesitados,


a sacrificarme por entero a los demás.

Para Dios eso no valió nada.

Los Kennedy continuaban sufriendo: morían en los mas estupidos accidentes,

todos sus negocios fracasaban,

tenian escandalos sexuales y de drogas por todo el país.

Finalmente murió John John.

Habían pasado mas de 30 años de vida piadosa y consagrada cuando renuncié para siempre a mi cómoda posición en la Santa Sede de la Iglesia Católica Apostólica Romana y abandone toda fé.

Ahora vivo en Bangladesh donde soy el único asceta blanco de la ciudad,

hace años que no escucho las noticias, solo espero que los Kennedy estén bien ahora.

FIN.



1 comentario:

  1. Hola, el otro día comentaste en mi blog, no sé si este blog es el que querías que enlace a cambio de que enlaces el mío o es otro. Ahí me dices. :)

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